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Volví antes de tiempo de un viaje de trabajo y encontré a mi esposa en el piso, junto a la cuna de nuestro bebé de una semana. La puerta de la recámara estaba cerrada con llave… por fuera. Mi mamá se había quedado a “ayudar”. Lo que vi en la charola junto a la cama me heló la sangre.

Capítulo 10 de 16

Cancún

El sábado 17 en la mañana, doña Rufina vino con los tamales y con una noticia.

Su nuera, Cecilia, tiene un hijo en el kínder Amado Nervo. En el grupo de Gael.

Cecilia llegó esa tarde, con cara de no querer meterse en problemas.

“Yo no sé nada de pleitos, señor. Pero sí sé del viaje.”

En julio, Gisela propuso en el grupo de las mamás un viaje a Cancún para diciembre. Ella organizaba. Nueve mil ochocientos pesos por persona. Se apuntaron dieciocho familias.

“Pagamos en julio y en agosto. Todo a la cuenta de ella. Algunas en efectivo.”

En septiembre, la agencia mandó un mensaje al grupo. Faltaba el pago completo. Gisela dijo que era un error del sistema. El 2 de octubre, la agencia volvió a escribir: si no se liquidaba antes del viernes 9, se cancelaba la reservación y no se devolvía el anticipo.

“Se armó un alboroto, señor. Una mamá dijo que iba a ir a la Fiscalía. Gisela lloró en un audio. Dijo que el dinero estaba seguro, que nada más tenía un problema con el banco. Que el viernes se arreglaba.”

Cecilia bajó la voz.

“Y el viernes, a las diez, subió el comprobante. Todas le pedimos perdón por desconfiar.”

Cuando se fue, Alma y yo nos quedamos viendo.

“Ciento setenta y seis mil cuatrocientos pesos de las mamás”, dijo Alma. Ya había hecho la cuenta. “Más las comisiones de la agencia. Más el seguro. Doscientos cinco mil. Gisela se gastó el dinero de dieciocho familias y necesitaba reponerlo antes del viernes 9.”

“Y el viernes 9 a las dos de la mañana…”

“Pidió un crédito con mi teléfono.”

Lo dijo sin levantar la voz. Como un dato.

“Pero no tenemos cómo probar que fue ella. Solo que el dinero pasó por la cuenta de tu mamá y terminó en su viaje. Ella va a decir que yo le presté. Tiene el chat.”

El domingo 18 fui otra vez a Rafael Lucio. Esta vez no entré a la sala. Me quedé en la reja.

Mi mamá salió con el delantal. Gisela no estaba. Se había llevado a Gael a una fiesta.

“Mamá, quiero que veas algo. Nada más eso.”

Le enseñé en mi teléfono la historia de Gisela. El comprobante. La cuenta de origen. La fecha. La hora.

Mi mamá se puso los lentes. Lo leyó despacio, moviendo los labios.

“¿Y esto qué?”

“Ese dinero salió de tu cuenta. Es el crédito que pidieron con el teléfono de Alma. Gisela lo usó para pagar un viaje de las mamás del kínder, porque se había gastado lo que le dieron.”

Mi mamá se quitó los lentes.

“Gisela me dijo que era su liquidación.”

“¿Cuál liquidación?”

“De la tienda. Que la iban a recortar y le iban a dar su liquidación. Que la depositaba en mi cuenta porque la suya está embargada por una tarjeta. Que con eso me ayudaba con el material de la obra.”

“Mamá, Gisela sigue trabajando en la tienda. La vi en su perfil el jueves, con su uniforme.”

Por un segundo vi algo en su cara. Una grieta. Se agarró de la reja.

Luego miró hacia la casa de enfrente, donde doña Clotilde estaba barriendo la banqueta, muy despacio, sin perder detalle.

Se enderezó.

“No sé de qué me hablas. Tu hermana nunca me ha mentido.” Bajó la voz para que no la oyeran. “Y si tu mujer pidió un crédito y ahora no lo quiere pagar, ese es su problema. Ella es la que trabaja en el banco.”

“Mamá, firmaste un escrito para el banco. Diciendo que Alma te prestó ese dinero. ¿Lo leíste?”

No me contestó. No lo había leído. Lo supe en ese momento. Firmó lo que Gisela le puso enfrente, como firma todo lo que le pone enfrente.

“Vete, Daniel. Que la gente está viendo.”

Ya me iba cuando me alcanzó su voz, desde la reja.

“Y dile a tu mujer otra cosa. Si sigue con lo de la Fiscalía contra tu hermana, el niño se queda conmigo. Ya lo pedí al juzgado.”

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