Capítulo 14 de 16
Una sola vez
Al día siguiente, a las ocho de la mañana, la licenciada Castañón estaba en el despacho de mi abuela con un café de Oxxo en la mano.
Le expliqué. Le enseñé el corte de la G. Me miró sin parpadear.
“¿Me está diciendo que nunca, nunca, había firmado con ese nombre?”
“Nunca. Ni una vez. En siete años firmé todo como I. Montemayor G. Las pólizas, los cheques, las conciliaciones, el alta en el banco. La tarjeta de crédito. El acta de matrimonio. Mi credencial del INE. Hasta las tarjetas de Navidad. Doña Victoria nunca se fijó, porque nunca leyó nada de lo que yo hacía.”
La licenciada dejó el café.
“Necesito todo eso. Y necesito la grabación de la gala.”
La grabación de la gala la tenía yo. Yo había contratado al fotógrafo, como contraté todo. Hugo Mancera, el camarógrafo, de Coyoacán. Había grabado toda la noche desde dos ángulos para el video de aniversario. En el minuto 01:14:32 se me veía firmar, de cerca, con la pluma de Patricio. Isabel Garza. Y debajo, Aurelia Montemayor.
Los siguientes doce días fueron de papeles.
Pasaron tres cosas. La licenciada Castañón pidió las dos primeras a la Fiscalía, y la licenciada Anzures, que ya tenía también la denuncia de los siete compradores, las ordenó.
La primera: un peritaje en grafoscopía. El perito Bernardino Celis comparó la carta del 8 de abril con trescientos doce documentos firmados por mí entre 2018 y 2025, y con la firma del convenio de la gala, que el propio Benavente había entregado junto con la denuncia. Su dictamen llegó el 18 de noviembre. Dos conclusiones. Que la firma de la carta no correspondía a mi forma habitual de firmar, porque yo nunca había usado esa. Y que la firma de la carta y la del convenio eran idénticas trazo por trazo, superponibles, con el mismo corte en la G. “Ninguna persona firma dos veces exactamente igual”, escribió. “Una de las dos es copia de la otra.” La del convenio estaba grabada en video el 23 de octubre. La carta decía 8 de abril. No podía ser al revés.
La segunda: la información del banco. Banco Regiomontano entregó el registro de la banca electrónica de la constructora. El miércoles 9 de abril, a las 22:47, el usuario administrador, “vlobato”, había restablecido la contraseña de mi usuario. El jueves 10 y el martes 15, las dos transferencias se hicieron desde mi usuario, con mi token, conectadas desde la misma dirección de internet: la de la casa de Lomas.
Yo estaba en Monterrey. Lo decían los registros de visitas de la Clínica 25 del IMSS, donde firmé cada mañana como acompañante, y los boletos de avión de ida y vuelta.
La tercera la pidió la licenciada Anzures por su cuenta: al ver el acta de Olavarrieta, solicitó al juez de control asegurar los bienes de esa empresa. El martes 18 de noviembre aseguraron un millón trescientos mil pesos que quedaban en la cuenta y una casa en Valle de Bravo, comprada en agosto con un enganche de cuatro millones novecientos mil. A nombre de Maite Olavarrieta.
Y aparecieron los movimientos: dos millones a la cuenta personal de doña Victoria en junio, como “devolución de préstamo”. Los mismos dos millones que quiso llevarse en la posada de 2023. Seiscientos mil de “honorarios” para Maite. Y un millón cien mil pagados en septiembre por la renta y el banquete de la gala de los 40 años.
Se pagaron su fiesta con el dinero de los compradores. Y la pagaron en mi casa.
La licenciada Castañón terminó de sumar en una servilleta: dos millones, cuatro millones novecientos mil, seiscientos mil, un millón cien mil, un millón trescientos mil. Nueve millones novecientos mil pesos. Ni un peso más ni uno menos.
“Cuadra”, dijo.
“Siempre cuadra”, le contesté. “Si no cuadra, falta algo.”
El jueves 20 de noviembre, a las siete de la noche, doña Cata subió al despacho sin tocar.
“Niña. Afuera está la güera.”
Bajé. En la reja de la calle Versalles estaba Maite Olavarrieta, sin maquillaje, con una sudadera gris y el pelo amarrado. Se veía de quince años. Tenía el celular apretado en la mano, contra el pecho.
“Me quiere echar todo a mí”, me dijo antes de que yo abriera. “Mi madrina. Tengo los mensajes.”
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