Capítulo 2 de 16
Lo que llevaba en la bolsa
No había llegado a la reja cuando oí los pasitos.
“¡Abuelita!”
Emilia venía corriendo por la entrada de piedra, con su diadema de reno chueca y los zapatos de charol. Atrás de ella, en la puerta de la casa, estaba Gerardo. No salió. Se quedó en el marco, con la luz a la espalda.
Me agaché como pude. Las rodillas ya no son las de antes.
“¿Por qué te vas? Todavía no abrimos los regalos.”
“Porque la abuelita está cansada, mi vida.”
“¿Vas a volver mañana?”
Miré a su papá por encima de su cabecita. Él no bajó la vista esta vez. Me miraba como cuando tenía ocho años y rompía algo.
“Ya veremos”, le dije.
Le di un beso en la frente. Ella se quedó pensando. Luego, muy contenta, me contó un secreto.
“Mi tío Iván grabó todo, todo. Dice que se lo va a pasar a mi mamá para sus historias.”
Me subí al Jetta de Eliud. Tiene catorce años y lo sigo manejando porque todavía huele a él. Esperé a que Emilia entrara a la casa. Luego arranqué y me estacioné dos calles más allá, bajo un poste.
Abrí la bolsa. Saqué el sobre.
Era un sobre manila, grande, con el sello de la Notaría Pública 117 de Monterrey. Adentro, un proyecto de escritura de catorce hojas, con las orillas grapadas y una tarjeta del licenciado Rómulo Villagómez sujeta con un clip: “Cita para firma: lunes 28 de diciembre, 10:00 horas”.
Contrato de donación.
Donante: Aurora Villarreal Cantú.
Donatarios: Gerardo Leal Villarreal y Marcela Guajardo Pámanes.
Objeto: la casa de la colonia Contry. La casa donde me acababan de quitar el plato.
Porque esa casa es mía.
Está a mi nombre desde el 15 de diciembre de 2020. Escritura número ocho mil y tantos, inscrita en el Registro Público con su folio real. La pagué completa, de contado, con el dinero de La Huerta, el terreno de nogales que mi Eliud me dejó en Santiago. Desde entonces mi hijo vive ahí prestado, con un contrato que firmamos los dos ante el mismo notario.
Yo lo había decidido en noviembre. Ya estaba vieja para andar cuidando escrituras. Gerardo ya había levantado la empresa. Emilia ya iba en segundo. Quería que, por fin, la casa fuera de ellos de verdad. Que Marcela pudiera decir “nuestra casa” sin que nadie tuviera que mentir.
El 22 de noviembre le dije a Gerardo, nada más eso: “En Nochebuena les tengo una sorpresa.”
La iba a abrir a las doce. Iba a leer la primera hoja en voz alta. Iba a ver a Marcela llorar de gusto.
Le faltaron cuarenta y ocho minutos.
Y entonces entendí lo que yo misma le había contestado en la puerta, sin pensarlo. La verdad que Marcela me dijo no era que yo no pagara nada. Era otra, peor. Que en la casa que yo le di, mi hijo le había contado a su esposa que yo no daba nada. Eso no lo inventó ella. Se lo contó él. Por eso Gerardo se puso blanco. Fue el único que entendió que yo ya lo sabía.
Me quedé ahí, bajo el poste, hasta que dieron las doce. Oí los cohetes de la colonia. Vi las luces de los vecinos. Volví a meter las hojas al sobre, con cuidado, como las metí siempre en treinta y un años de archivo.
Luego manejé a mi casa.
No dormí. A las siete de la mañana del 25 le escribí a mi hijo un mensaje de cinco palabras:
“Cancelé la cita del 28.”
No le puse nada más. No le puse “feliz Navidad”.
A las 9:40 sonó el teléfono.
“Mamá.” La voz de Gerardo, ronca. Detrás, otra voz. Alta. Rota. Marcela.
“¿Cómo que la casa es de tu mamá? ¿Cómo que es de ella? ¡Dímelo, Gerardo!”
Mi hijo tapó el teléfono. Oí la voz de Marcela apagada, como detrás de una pared, y luego una puerta.
“Mamá, ¿qué cita? ¿De qué cita hablas?”
“Ya no importa, mijo.”
“Ella vio el mensaje. Me preguntó. Yo…” Se le quebró algo. “Tuve que decirle.”
“¿Qué le dijiste?”
“Que la casa está a tu nombre. Que nunca fue mía.”
“¿Y qué más?”
Silencio.
Afuera, en el pasillo del edificio, unos niños estrenaban una bicicleta.
Yo esperaba que me preguntara cómo estaba. Si había dormido. Si había cenado algo, porque la última comida que vi fue un plato que se fue a la cocina en las manos de su esposa.
No me preguntó nada de eso.
Bajó la voz, como si alguien pudiera oírlo dentro de su propia casa.
“Mamá… ¿todavía tienes el sobre?”
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