Capítulo 14 de 16
El acuse
El contador Higinio Barrera le llevó los libros a Eliud desde 1998. Ahora tiene cincuenta y siete años y una oficina en la avenida Madero, con un ventilador que nunca apagan, ni en enero.
El lunes 18 llegamos Gerardo y yo a las nueve. Le enseñamos la foto del acuse.
Don Higinio se puso los lentes. Lo miró. Se los quitó. Se los volvió a poner.
“¿Esto quién se lo dio, Gerardo?”
“Iván.”
“Esto no lo hizo el SAT.”
Entró al portal del SAT con la contraseña nueva que Gerardo había generado el sábado, para que Iván ya no pudiera entrar. Buscó el expediente del crédito fiscal. Buscó recursos de revocación. Buscó trámites con ese número de operación.
Nada.
“No existe”, dijo. “Este número no existe. Y en el expediente no hay ningún recurso. Nunca se presentó nada. El plazo venció el 15 de abril.”
Gerardo se agarró del escritorio. Don Higinio buscó otra vez, por si acaso, con el número escrito a mano en una hoja. La pantalla dijo lo mismo.
“Pero hay algo peor”, siguió don Higinio. Giró la pantalla hacia nosotros. “La notificación del 4 de marzo. Mire. Aquí dice que se abrió en el buzón tributario el mismo día, a las 4:32 de la tarde. Con la e.firma de la empresa.”
“Yo nunca abrí el buzón”, dijo Gerardo. “Ni sé cómo.”
“Ya lo sé. Usted me lo dijo hace tres años, cuando se lo dio a su cuñado.” Don Higinio se quitó los lentes y los dejó en la mesa. “Señora, yo revisé esa auditoría en 2023. El IVA de 2022 tenía defensa. Teníamos las facturas. Si se presentaba el recurso a tiempo, lo más probable es que se ganaba.”
“¿Y si no se presentaba?”
“Si no se presentaba, el crédito quedaba firme. Y en septiembre, el SAT cobraba. Con camiones o con lo que hubiera.”
Me quedé viendo la pantalla. Las horas. Las fechas.
En febrero, Iván leyó la carpeta y supo que la casa era mía. En marzo fundó Lomas del Roble. En marzo abrió la notificación del SAT con la firma de mi hijo. En abril dejó vencer el plazo y le mandó a Gerardo un papel inventado. En agosto me hizo la primera oferta. En septiembre llegó el requerimiento de pago. En octubre le prestó a mi hijo el dinero para pagarlo, a cambio de prometerle mi casa.
No fue suerte. No fue oportunidad.
Iván fabricó la deuda. Luego fabricó la salida. Y la salida pasaba por mi casa.
Esa tarde, en mi departamento, extendí todo en la mesa del comedor. Como en el archivo, en orden de fecha.
La escritura de 2020. El comodato, con la constancia del licenciado Villagómez de que las firmas se ratificaron el 15 de diciembre de 2020. Las tres cartas de Lomas del Roble. El certificado del 18 de noviembre. El acta constitutiva. La promesa, con su cláusula cuarta. La foto del acuse falso y la impresión del portal donde no existía. El chat del 23 de diciembre. El video de siete minutos. La foto de la transferencia a doña Tomasa. Y la denuncia contra mi hijo.
Marcela llegó a las seis. Gerardo le había contado lo del SAT por teléfono.
Leyó todo de pie. Despacio. Tardó cuarenta minutos.
Cuando llegó al render de la Torre Altamira, que yo había impreso, se detuvo. Puso el dedo encima. En el lugar exacto donde estaba la casa.
“El piso veinte”, dijo.
Se le fue el color de la cara.
“Nos iba a sacar a nosotros también. Para su torre.”
Continúa en la siguiente página