Capítulo 11 de 16
El nombre en la INE
El lunes 19, a las cinco de la tarde, me habló la licenciada Graciela.
“¿Estás sentada?”
“Estoy en un catre entre dos santos.”
“Siéntate más.”
La tienda El Zaguán había entregado sus registros al Ministerio Público. Don Efrén mandó todo: la libreta de compras, la copia de la credencial, el comprobante de la transferencia.
El 11 de mayo, “Antigüedades El Zaguán” pagó seiscientos mil pesos por “óleo, retrato femenino, rebozo azul, marco dorado”. Transferencia a una cuenta a nombre de:
Yazmín Castañeda Robles.
La copia de la INE era la suya. Su foto, su firma, su domicilio.
Y no era la única venta. En enero había vendido ahí mismo un “reloj francés de bronce con figuras” por ochenta y cinco mil pesos. En marzo, “dos candeleros de plata” por cuarenta mil.
Me quedé callada tanto rato que la licenciada creyó que se había cortado la llamada.
“¿Ara?”
“Aquí estoy.”
Yazmín.
La dulce. La que me decía cuñadita. La que me abrazó por detrás mientras yo lavaba platos la noche de la fiesta. La que subía videos dándole de comer a su mamá en la boca.
Entonces entendí lo del rosario.
Yazmín se había puesto el rosario de filigrana de su mamá para ir a vender el cuadro. Para parecer “la señora de la casa”. Para que don Efrén viera a una señora decente, de rosario, de la calle 59.
Por eso el rosario desapareció en mayo. Por eso doña Eugenia acusó a doña Chabela. Por eso apareció tres días después en el baño de visitas.
Y por eso, cuando don Baltasar dijo “una señora Castañeda”, toda la familia volteó a ver a la mamá.
Yazmín lo sabía. Por eso siempre estaba tan tranquila.
Esa noche, a las once, me llamó Leandro.
Era la primera vez que me hablaba desde que me sacaron de la casa. Tenía la voz pastosa.
“¿Es cierto?”, me dijo. “¿Que le dieron seiscientos mil?”
“¿Quién te dijo?”
“Le llegó citatorio. Se puso a gritar en la cocina.” Respiró fuerte. “Seiscientos mil, Ara. Seiscientos.”
“¿Tú sabías?”
Silencio.
“Leandro. ¿Tú sabías lo del cuadro?”
“Ella me dijo que valía cien mil”, soltó. “Que era una pintura vieja, que tú ni la mirabas. Que mi mamá debía dinero de la tanda y que le iban a hacer un escándalo en la iglesia. Que tú tenías tanto que ni te ibas a dar cuenta. Me dio cincuenta mil por ayudarle a bajarlo.”
“¿Cuándo?”
“El 9 de mayo. Un sábado. Tú estabas en Campeche.”
Por eso se puso blanco cuando vio la foto.
“Y me dijo que le iba a poner una copia igualita, que nadie iba a notar nada.”
“Yo lo noté.”
“Ya sé.” Se le quebró la voz. “Ya sé que lo notaste.”
“¿Vas a decirle eso al Ministerio Público?”
Colgó.
El martes 20, a mediodía, la licenciada Graciela me volvió a llamar.
Esta vez no me preguntó si estaba sentada.
“Yazmín se presentó con abogado a declarar”, me dijo. “Dice que no robó nada. Dice que tú le pediste que vendiera el cuadro.”
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