Capítulo 2 de 16
Firmado por la abuela
“Dámela”, le dije a Constanza.
Ella apretó la carpeta contra el pecho, encima del ramo. Las rosas se aplastaron.
“Aquí no, Damián. Afuera lo platicamos, como adultos.”
“Dámela.”
“Estás haciendo un show frente a toda tu familia.”
En ese momento entró el padre Crispín por la sacristía, ya revestido, con el misal bajo el brazo. Se detuvo en seco. Miró a la niña llorando, al señor de lentes, a la novia abrazando una carpeta como si fuera un bebé.
“¿Qué pasa aquí?”
Nadie le contestó. El padre tiene setenta años y casó a la mitad de San Agustín Etla. Se acercó despacio y le puso la mano en el brazo a Constanza.
“Entréguela, hija.”
Constanza miró a su papá en la primera banca. Don Leopoldo no se movió. Miró a los cuarenta invitados, que la miraban a ella. Y soltó la carpeta.
Le pasé a Luna a Rafa, que la recibió como si fuera de cristal. Abrí la carpeta encima del altar, junto a las arras.
Ficha de inscripción. Colegio Internado Santa Clara, Atlixco, Puebla. Alumna: Luna Garibay Mendoza. Grado: tercero de preescolar. Modalidad: interna. Fecha: 21 de septiembre de 2026.
En la línea de la tutora: Hortensia Soriano viuda de Garibay. “En su carácter de apoderada del padre, según poder notarial otorgado el 5 de febrero de 2024 ante la Notaría número 7 de Oaxaca de Juárez.”
Abajo, un recibo. Depósito de inscripción: cuarenta y seis mil pesos. Pagado en efectivo por la señora Hortensia Soriano.
Me temblaban las manos.
“Usted es el padre”, dijo el señor de lentes. No era pregunta. “Disculpe. Me llamo Wenceslao Ortega, soy coordinador de traslados del colegio. Yo no quería interrumpir. Me dieron instrucciones de recoger a la niña a la una y media por la puerta lateral. La niñera me la iba a entregar mientras ustedes pasaban al jardín. Llegué antes, la carretera de Puebla venía libre. No había nadie en la puerta. Me asomé y escuché llorar a una niña.”
“¿Quién le dio esas instrucciones?”
“¿Y esta hoja del juzgado? ¿Por qué la tiene un colegio?”
“El colegio pide comprobar cómo se van a pagar las colegiaturas. La señora mandó copia de ese trámite como garantía.” Sacó su celular y me enseñó un correo.
De: Constanza Iriarte. Asunto: Traslado de Luna, sábado 10. “Todo está firmado por la abuela. El papá está de acuerdo, pero prefiere no despedirse para no hacerlo más difícil. Por favor, discreción.”
Volteé a ver a Constanza. Ella ya estaba sonriendo otra vez, una sonrisa chiquita, de lado.
“Es un colegio buenísimo, Damián. Las monjas son de lo mejor de Puebla. Tu mamá y yo lo platicamos mucho. Iba a decírtelo en el viaje, con calma.”
“¿Y por qué se lo dijiste a ella antes que a mí?”
“Porque los niños necesitan prepararse.”
El padre Crispín cerró su misal.
“Hoy no hay ceremonia”, dijo. Lo dijo bajito, pero se oyó hasta la última banca.
En la tercera fila, mi prima Lupita tenía el celular levantado. Había grabado todo desde que entré con Luna en brazos. Cuando la miré, bajó el teléfono, apenada. No le dije nada. Después iba a agradecérselo.
Salí por la puerta lateral con la carpeta en la mano.
Afuera, bajo la buganvilia, estaba mi madre.
Vestido azul pavo real, peinado de salón, el rebozo de seda que le regaló mi papá en sus bodas de plata. Junto a ella, en el piso de piedra, una maleta rosa con rueditas. La de Luna. La reconocí por las estampas de unicornio que le pegamos juntos.
A su lado, Jacinta, la niñera, lloraba con las manos en la cara.
Mi madre no se veía culpable. Se veía impaciente.
“¿Ya acabó todo ese escándalo?”
“Mamá. ¿Tú firmaste esto?”
“Claro que firmé. Alguien tenía que hacerlo.” Se acomodó el rebozo. “Es lo mejor para la niña, mijo. Es un colegio de monjas, como en el que estudié yo. Va a aprender a sentarse derechita, a hablar bien, a rezar. No a andar descalza entre borregos y telares.”
“Tiene cinco años.”
“Yo entré de interna a los seis y mírame.”
La miré. La miré de verdad, quizá por primera vez en años. Y no supe qué contestar.
Bajé la vista a la carpeta. Detrás de la ficha de inscripción había otra hoja, engrapada. Más gruesa. Con un sello que no era del colegio.
“Poder Judicial del Estado de Oaxaca. Juzgado Segundo de lo Familiar.”
Leí la primera línea con el estómago hecho nudo. “Solicitud de autorización judicial para la enajenación de un inmueble propiedad de la menor Luna Garibay Mendoza, paraje El Pozo, Teotitlán del Valle.”
Promovente: Damián Garibay Soriano.
Yo.
Alguien le había pedido a un juez permiso para vender la tierra de mi hija. En mi nombre.
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