Capítulo 15 de 16
Audiencia
La Ciudad Judicial de Oaxaca está en Reyes Mantecón, a media hora del centro. El Juzgado Segundo de lo Familiar es una sala chica, con paneles de madera clara, un escudo del estado y una ventana que da a un estacionamiento.
Llegamos a las nueve y media. Sabina con dos carpetas de argollas. Rafa con su traje de la boda. Doña Eulalia con su rebozo de grana. Luna se quedó en Teotitlán con la vecina, doña Chonita, que había ido a la casa el miércoles con unos tamales y una disculpa.
Mi madre llegó sola, en taxi. No se sentó con nosotros. Se sentó en la banca del pasillo, con la bolsa en las rodillas.
Don Leopoldo y el licenciado Pacheco llegaron a las diez menos cinco. Constanza, detrás, con traje sastre beige y lentes oscuros.
La jueza Adelaida Toledo es una mujer de unos cincuenta, de voz baja y sin paciencia para los adornos. Abrió la audiencia del expediente 1187 de 2026 y la acumulada de guarda y custodia.
Sabina habló primero. Presentó la escritura de revocación del poder, del 9 de junio de 2025. El acuse de notificación del 16 de junio, firmado “H. Soriano”. La captura del mensaje del 17 de junio a las 21:14.
El licenciado Pacheco se levantó.
“Su Señoría, la señora Hortensia Soriano ha declarado que esa firma no le pertenece. Mi representada actuó de buena fe, como abuela preocupada, sin conocimiento de ninguna revocación…”
“Su representada”, dijo la jueza, mirando un papel, “presentó ayer un escrito retirando esa declaración. Lo firmó ante la licenciada Cruz Velasco. ¿No le avisaron, licenciado?”
Pacheco volteó a ver a don Leopoldo. Don Leopoldo volteó a ver a su hija.
Mi madre se levantó de la banca del pasillo y entró a la sala.
“Su Señoría. Soy Hortensia Soriano. Esa firma es mía. Recibí la revocación y la escondí. Firmé la inscripción y la solicitud porque me dijeron que mi hijo estaba de acuerdo. Me engañaron. Y traigo esto.” Puso el sobre amarillo en el escritorio del secretario. “Me lo dejó la señorita Iriarte para que lo guardara.”
Constanza se quitó los lentes oscuros.
Sabina pidió que se recibiera la declaración de dos testigos. La jueza lo permitió.
La primera fue Jacinta. Con su uniforme de la escuela de enfermería, la voz temblando. Contó lo de las fotos. Que ella subió al perro a la cama. Que esparció la ropa. Que la señorita Constanza le dijo qué ángulos tomar. Que le prometieron veinte mil pesos.
La segunda entró por la puerta del fondo y nadie la esperaba. Ni yo.
Paulina.
Pelo rubio recogido, sin maquillaje, los ojos de no haber dormido.
“Perdóname por lo del sábado”, me dijo bajito al pasar. “Mi tío Leopoldo fue a ver a mi mamá el viernes en la noche. Le dijo que si yo abría la boca, nunca iba a ver un peso de lo del lote. Me dio miedo.”
La mamá de Paulina le compró a don Leopoldo, en 2019, un lote en Huayápam que resultó tener dos dueños. Perdió trescientos cincuenta mil pesos.
Paulina se sentó frente a la jueza y sacó su celular.
“El 25 de julio del año pasado yo estaba con mi prima en la Feria del Mezcal. Ella ya sabía quién era el señor Garibay antes de tirarle la copa. Mi tío le había mandado su foto. La noche anterior, el 24, me mandó este audio.”
Lo puso en altavoz. La voz de Constanza, riéndose, con música de fondo.
“Mañana conozco al viudo. El del pozo. Mi papá dice que si me caso con él, la tierra sale sola.”
En la sala no se oyó nada. Ni el aire acondicionado.
Constanza se levantó.
“¡Fue idea de mi papá! ¡Todo fue idea suya! Yo nomás…” Se volteó hacia mi madre. “¡Y usted firmó! ¡Usted firmó todo, no yo!”
Don Leopoldo ni la miró. Se dirigió a la jueza con la voz de locutor.
“Su Señoría, yo solo seguí lo que mi hija me dijo que la familia quería.”
Padre e hija, uno junto al otro, echándose la culpa frente a la jueza.
La jueza Toledo los dejó terminar. Luego anotó algo, firmó una hoja y levantó la vista.
“Con fundamento en lo que se ha expuesto en esta audiencia”, dijo, “y por los posibles hechos constitutivos de delito, se da vista al Ministerio Público.”
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