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Mi hija tenía que caminar hacia su novio esa tarde, pero cruzó el salón corriendo hacia mí, con el rímel corrido, y se escondió detrás de mi espalda. El hombre que la esperaba para firmar llegó detrás de ella y me dijo que eso era “entre él y su esposa”. No le levanté la voz. Solo miré la carpeta azul que estaba en la mesa del juez… y entendí que esa boda nunca había sido para casarse con mi hija.

Capítulo 6 de 16

El folio real

El lunes 13 de octubre, a las nueve de la mañana, estaba formado en la ventanilla del Registro Público de la Propiedad, en la avenida Prolongación Alcalde.

Me atendió Eufemia Loza. Entramos casi juntos, en el noventa y tres. Ella sigue en la mesa de consultas, con sus lentes de abuelita y su termo de café.

“¡Bernabé! ¿Qué haces formado? Te hubieras metido por atrás.”

“Vengo como cualquiera, Eufemia. Vengo como papá.”

Le di el número de folio real de la calle Juárez 112. Me lo sé de memoria desde que inscribimos la adjudicación de la herencia. Pagué la consulta en la caja. Eufemia se fue al fondo, a la pantalla.

Tardó veinte minutos. Volvió con una hoja impresa y la cara seria.

“Mira esto. Asiento del 3 de octubre.”

Aviso preventivo.

Un aviso preventivo es un papel que manda un notario al Registro cuando va a firmar una escritura sobre una casa. Sirve para apartarla. Para que nadie más pueda meterle nada mientras se firma. Lo he visto mil veces. Es lo que hace un notario honrado antes de una compraventa.

Este decía: “Operación: constitución de hipoteca. Acreedor: Crédito Ágil de Occidente, S.A. de C.V., SOFOM, E.N.R. Deudor: Eventos Las Arboledas, S.A. de C.V. Garante hipotecario: Miriam Urzúa Galván, representada por apoderado, en términos del poder especial otorgado mediante instrumento número 21,487, de fecha 10 de junio de 2025, ante el Notario Público 38 de Zapopan.”

Me fijé en el número del poder. 21,487. Lo apunté en mi libreta de pasta negra, la que traigo desde el Registro. En el archivo uno aprende a apuntar los números aunque todavía no sepa para qué.

“Bernabé, esto va muy rápido”, dijo Eufemia, bajando la voz. “El aviso entró un viernes y la firma era el lunes siguiente. Así se hace cuando alguien tiene prisa. O cuando alguien no quiere que el dueño se entere.”

Representada por apoderado.

No necesitaban la firma de mi hija. Tenían un poder. Un papel que decía que, desde el 10 de junio, otra persona podía firmar por ella. Hipotecar su casa por ella.

El 10 de junio. El día de las seis hojas.

“Eufemia, ¿dice cuándo se iba a firmar la hipoteca?”

Eufemia buscó en la pantalla.

“Dice que la escritura se firmaba hoy. Lunes 13 de octubre. A las diez.”

Miré el reloj de la pared. Eran las 9:24.

Salí al estacionamiento y le marqué a la Notaría 38. Me contestó una señorita muy amable.

“Buenos días, quiero saber si sigue en pie la cita de las diez. Firma de hipoteca, Eventos Las Arboledas.”

“Permítame.” Oí teclas. “No, señor. Esa cita se canceló el sábado.”

“¿A qué hora el sábado?”

“Aquí tengo la nota a las 6:15 de la tarde. Llamó la señora Sagrario Noriega.”

Las 6:15.

A las 5:52 Miriam y yo salimos del salón con la carpeta azul. Veintitrés minutos después, doña Sagrario ya estaba cancelando la hipoteca. No había ido a buscar a su hijo. No había ido a ver si la novia estaba bien. Había ido al teléfono.

“Señorita, ¿quién es el apoderado de la señora Urzúa en esa operación?”

Hubo un silencio.

“Eso no se lo puedo decir por teléfono, señor. ¿Usted quién es?”

“El papá de Miriam Urzúa.”

Otro silencio, más largo. Oí que tapaba la bocina y hablaba con alguien. Luego volvió. Ya no sonaba amable.

“Señor Urzúa, la señora Sagrario dejó dicho que usted se robó unos documentos de la notaría.”

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