Capítulo 16 de 16
La casa de la calle Juárez
La justicia en México no corre. Camina. Pero esa vez caminó derecho.
El 4 de noviembre, al vencer el plazo que pidió la defensa, el juez de control vinculó a proceso a Patricio Lizárraga Noriega por lo que pasó en ese cuarto. Mantuvo las medidas de protección para Miriam durante todo el proceso. Patricio dejó de publicar en Facebook. La publicación del corazón roto desapareció. En su lugar, mucha gente subió la noticia de la vinculación, con su foto.
El 12 de diciembre, día de la Virgen, llegó el peritaje del Instituto Jalisciense de Ciencias Forenses. La firma de la promesa era de Miriam, pero estaba sobre un texto impreso después: la tinta de la firma estaba debajo del tóner, no encima. Y la firma que aparecía en el libro del notario, en el poder 21,487, no era de ella. Era una imitación.
Con el peritaje en la mano, la Fiscalía pidió audiencia ante un juez para imputar a doña Sagrario Noriega y al licenciado Rogaciano Villa Ochoa por falsificación y uso de documento falso, en las dos operaciones: la de Miriam y la de don Clemente en 2019. La Secretaría General de Gobierno suspendió al notario mientras se investigaba. La Notaría 38 cerró sus puertas en enero.
El aviso preventivo sobre la calle Juárez 112 se canceló. Fui yo mismo a recoger el certificado al Registro Público. Eufemia me lo dio con una sonrisa y un pedazo de rosca, porque ya era seis de enero.
Crédito Ágil de Occidente retiró el requerimiento contra Miriam. Demandó a Eventos Las Arboledas por los cuatro millones doscientos mil. El salón fue embargado en febrero. Las mesas redondas de mantel blanco, las sillas tiffany, el arco de flores, todo quedó en una bodega con sellos. Eventos Las Arboledas desistió de su demanda de un millón trescientos ochenta mil contra mi hija; el licenciado Haro renunció a representarlos.
Miriam hizo una cosa que nadie le pidió. El 3 de noviembre fue a la Fiscalía y depositó los trescientos mil pesos completos en un billete de depósito, a disposición de la autoridad. Los ochenta y seis mil cuatrocientos de Huatulco los repuso con sus ahorros de tres años. “No quiero que nadie pueda decir que me quedé con un peso de ellos”, me dijo.
Uriel cobró sus treinta y ocho mil pesos con la venta de los bienes del salón, porque la licenciada Anguiano lo metió en la lista de acreedores sin cobrarle. Ahora graba bodas en Tlaquepaque. Dice que ahí la gente se casa más contenta.
La tía Mague vino a mi casa en Navidad con un pan de elote. No pidió perdón. Me dio un abrazo largo en la puerta y me dijo “ay, hermano”. En mi familia eso es pedir perdón.
El despacho le escribió a Miriam en diciembre. Que habían “revisado su caso” y que la querían de vuelta, con aumento. Ella contestó con un correo de tres renglones, como el que le mandaron a ella.
En febrero de 2026, en la planta baja de la casona de la calle Juárez, se abrió un despacho chiquito. Dos escritorios, un archivero de lámina y un letrero de madera en el zaguán: “Urzúa Galván Contadores”. Su primera clienta fue una señora del mercado que no sabía cómo darse de alta en el SAT. Le cobró trescientos pesos. Los puso en un marco.
Yo me pasé enero arreglando la fuente del patio. La que nunca funcionó. Resultó que nomás tenía el tubo tapado con hojas de cuarenta años. Ahora suena. Doña Eustolia se hubiera reído de mí.
El día que inauguró el despacho, Miriam me esperó en el zaguán con mi saco azul marino colgado del brazo. Lo había mandado a la tintorería. Olía a limpio.
“Te lo debo desde octubre, papá.”
Me lo puso ella misma, como yo se lo puse a ella en el salón. Me acomodó las solapas. Luego me miró el cuello de la camisa, abierto, sin corbata.
No traje corbata. Ya no la uso.
Ella sonrió. Sonrió de verdad, por primera vez en cuatro meses. Igual que en el pasillo del salón, a las cuatro de la tarde de aquel sábado, antes de todo.
“Así te ves como tú, papá.”
Fin