Capítulo 12 de 16
Los números no mienten
Tenía razón, en parte. Una foto en un celular se puede discutir. Un perito de ellos podía decir que la fecha estaba alterada, que la mancha era casualidad.
Pero había algo que no se discute.
Los números.
El martes 21 de octubre a las ocho de la mañana me presenté en el Archivo de Instrumentos Públicos del Estado, en el centro de Guadalajara. Los notarios de Jalisco tienen que mandar ahí, cada mes, la relación de todas las escrituras que firman. Número, fecha, tipo de acto. Es como el diario de cada notaría. Yo conocía a la encargada desde hacía veinte años; habíamos compartido cursos de capacitación y tamales de jueves.
“Necesito ver las relaciones de la Notaría 38 de Zapopan. De junio a agosto de este año.”
Me las trajo en una carpeta gruesa.
Junio de 2025. Primera escritura del mes: número 20,812. Última escritura del mes: 20,960. Ciento cuarenta y ocho actos en un mes. Normal para una notaría con trabajo.
El poder de mi hija tenía el número 21,487. Con fecha 10 de junio.
Imposible. El 10 de junio la Notaría 38 iba por el veinte mil ochocientos y tantos. Tuvieron que pasar dos meses para que llegara al veintiún mil cuatrocientos.
Busqué en agosto. Escritura 21,460: martes 12 de agosto. Escritura 21,502: jueves 14 de agosto.
El 21,487 caía en medio. El miércoles 13 de agosto. Y la relación decía quién era el apoderado, el que podría firmar por mi hija: Patricio Lizárraga Noriega.
Nueve días después de que Eventos Las Arboledas firmara el préstamo de cuatro millones doscientos mil con la financiera, el 4 de agosto, con la condición de dar en garantía una casa. Un día antes de que la financiera soltara el dinero. Y el mismo día, el 14, cayeron trescientos mil pesos en la cuenta de mi hija como “regalo para la luna de miel”.
El poder no se firmó en junio. Se fabricó en agosto y se le puso fecha de junio, el día de las seis hojas, para que todo pareciera un solo trámite.
Saqué copia certificada de las tres relaciones. Pagué los derechos. Me temblaban las manos, pero no de miedo.
Ya que estaba ahí, pedí otra cosa. El historial del salón Jardín Las Arboledas en el Registro Público. Eufemia me lo mandó por correo antes del mediodía.
En 2019, el terreno del salón había pasado del nombre de Clemente Lizárraga Beltrán, el papá de Patricio, al de Eventos Las Arboledas, S.A. de C.V. La sociedad era de doña Sagrario. El traspaso lo firmó un apoderado, “en representación de Clemente Lizárraga Beltrán”, con un poder especial ante el Notario 38 de Zapopan. Licenciado Rogaciano Villa Ochoa.
El mismo notario. La misma forma.
En la escritura venía el domicilio de don Clemente en 2019: Mazatlán, Sinaloa.
“Clemente está malito, en Mazatlán”, había dicho doña Sagrario en mi sala.
Esa tarde, la licenciada Anguiano presentó la denuncia por falsificación de documentos y uso de documento falso en la Fiscalía del Estado. Adjuntó la foto con sus datos de fecha, las relaciones certificadas y la copia del aviso preventivo. Pidió un peritaje de firmas al Instituto Jalisciense de Ciencias Forenses. Y pidió que se avisara al Registro Público que la operación estaba denunciada, para que nadie pudiera firmar nada sobre la calle Juárez mientras tanto.
Ilse encontró a don Clemente en veinte minutos. Tenía una marisquería en Mazatlán, “Mariscos El Faro”, con su número en la página de Facebook.
Le marqué a las ocho de la noche. Contestó un hombre con voz cansada, con ruido de olas atrás.
“¿Bueno?”
“Señor Lizárraga, me llamo Bernabé Urzúa. Soy el papá de la muchacha que se iba a casar con su hijo.”
Silencio. Solo las olas.
“Creo que usted y yo tenemos el mismo notario.”
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